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A veces, los coches nuevos se entienden mejor por la sensación que quieren provocar que por la simple suma de cifras. En el caso del nuevo Lexus TZ, esa sensación está bastante clara desde el primer momento: este no es solo un gran SUV 100% eléctrico de seis plazas, sino una propuesta pensada para que viajar se parezca menos a un desplazamiento rutinario y más a una pausa cómoda, tranquila y muy cuidada. Lexus lo presenta como un modelo capaz de abrir una nueva etapa dentro de su gama electrificada, y lo hace apoyándose en una idea especialmente interesante, la del Driving Lounge, un concepto que pone el foco no solo en el conductor, sino en todos los ocupantes del coche.
Eso ya dice bastante sobre el enfoque del modelo. El TZ no busca impresionar únicamente con potencia o con un despliegue tecnológico llamativo, aunque también tenga argumentos en esos apartados. Lo que intenta es construir una experiencia global donde el silencio, el espacio, la calidad percibida, la conectividad y la facilidad de uso pesen tanto como el rendimiento. Lexus quiere que este coche funcione como una especie de salón rodante, con tres filas, asientos tipo capitán en la segunda, materiales sostenibles, techo panorámico, una cabina muy depurada y un ambiente inspirado en esa serenidad casi doméstica que la marca vincula a la tradición japonesa. Y lo cierto es que, sobre el papel, la receta tiene bastante sentido para un modelo que aspira a combinar el refinamiento premium con las necesidades reales de una familia o de unos usuarios que quieren viajar con amplitud de verdad.
Pero el Lexus TZ también quiere hablar de otra cosa. Quiere demostrar que el gran SUV eléctrico puede ser eficiente, rápido, dinámicamente sofisticado y cómodo al mismo tiempo. Ahí aparecen cifras como sus 5.100 mm de largo, su batalla de 3.050 mm, una batería de 95,8 kWh, hasta 540 km de autonomía prevista, una potencia máxima del sistema de 300 kW, equivalentes a 408 CV, y una aceleración de 0 a 100 km/h en 5,4 segundos. Todo ello con tracción total DIRECT4, dirección trasera dinámica, carga rápida de 150 kW y una plataforma tecnológica mucho más ambiciosa de lo que a simple vista podría parecer en un coche tan centrado en el confort.

Lo interesante, al final, es cómo Lexus intenta juntar ambos mundos. El del coche grande, refinado y casi silencioso, pensado para pasar tiempo dentro. Y el del vehículo eléctrico avanzado, con recursos dinámicos, software nuevo y una batería gestionada con mucha atención al detalle. Esa mezcla es la que convierte al TZ en una de las propuestas más curiosas y más completas que ha presentado la marca últimamente.
Lo primero que conviene entender del Lexus TZ es que no se plantea como un gran SUV eléctrico más dentro de una categoría que ya empieza a llenarse de propuestas de tamaño generoso y ambición premium. Su planteamiento va un poco más allá. Lexus lo presenta como un modelo diseñado para adaptarse a estilos de vida muy distintos, pero siempre desde una idea central muy clara: convertir el interior del coche en un lugar donde viajar resulte especialmente agradable para todos. No se trata solo de meter seis plazas en una carrocería grande. Se trata de dar forma a un espacio donde el tiempo a bordo tenga valor por sí mismo. Esa es, de hecho, la base del concepto Driving Lounge, que funciona como columna vertebral del proyecto.

Ese concepto de Driving Lounge merece bastante atención porque resume muy bien la filosofía del modelo. Lexus quiere que el TZ funcione como un espacio tipo lounge, un entorno en el que la conversación, la relajación y la comodidad no sean algo accesorio, sino parte central de la experiencia. La marca habla de una sensación de apertura reforzada por el gran techo panorámico, una atmósfera tranquila inspirada en la serenidad zen y una cabina donde el diseño despejado ayuda a que todo respire mejor. Es una visión especialmente interesante en un coche de este tamaño, porque evita que el gran SUV se convierta en un simple contenedor de plazas y maletero. Aquí la idea es que el viaje tenga calidad ambiental, algo que encaja muy bien con el tono refinado que Lexus lleva años cultivando.

Uno de los puntos más interesantes del TZ está en cómo aborda su configuración interior. No hablamos de un SUV de siete plazas donde la última fila queda reservada casi siempre para niños o trayectos muy puntuales. Aquí Lexus opta por tres filas y seis plazas, con una segunda fila de asientos tipo capitán individuales y una tercera que, según la propia marca, ofrece espacio amplio para cabeza y piernas incluso a pasajeros adultos. Esa promesa se apoya en varios elementos técnicos muy concretos: la larga batalla, la suspensión, la batería completamente colocada bajo el suelo y la ausencia de depósito de combustible, que permite ubicar los asientos traseros más bajos. Todo eso ayuda a que el acceso sea mejor y a que la tercera fila no se sienta como un simple añadido obligado por el marketing.

La vida a bordo del TZ no se apoya solo en el espacio disponible. Lexus ha trabajado una serie de detalles que ayudan a construir una experiencia mucho más completa. Los asientos delanteros son de nueva generación, con una estructura ligera y dividida en módulos, integrados en el chasis para ganar soporte y confort. Tanto delante como en la segunda fila hay calefacción y ventilación, y la tercera fila también cuenta con calefacción, algo muy poco habitual en SUV de seis o siete plazas. Además, el coche incorpora asientos tipo Otomano con reposapiés para plazas delanteras y de la segunda fila, y un sistema de calefacción radiante para piernas y rodillas del conductor y del pasajero delantero, pensado también para ayudar a conservar autonomía energética. Son soluciones muy pensadas para que el confort no se limite a una buena postura, sino a una sensación global de bienestar.

En un coche eléctrico grande y premium, el silencio no es solo una cualidad agradable. Es casi una obligación. Y Lexus parece habérselo tomado muy en serio en el TZ. La marca reconoce que, al no existir el ruido de un motor térmico, cualquier sonido aerodinámico o de rodadura se percibe con más facilidad. Por eso se han aplicado materiales absorbentes y aislantes en puntos estratégicos del chasis, cristales más gruesos, una tapa adicional para el motor y un nuevo diseño de los retrovisores exteriores con el objetivo de reducir el ruido del viento. El resultado que busca Lexus es una “sensación de silencio” especialmente marcada, algo muy coherente con la idea de lounge rodante que recorre todo el coche. Esa búsqueda de calma acústica forma parte esencial del valor premium que quiere ofrecer el modelo.

Por fuera, el Lexus TZ intenta equilibrar dos cosas que no siempre conviven con facilidad. Por un lado, la presencia contundente que uno espera de un gran SUV. Por otro, una elegancia bastante depurada, menos agresiva de lo habitual en este tipo de formato. Lexus habla de “Provocativa Simplicidad”, una expresión que puede sonar algo conceptual, pero que se entiende mejor cuando se observa la silueta alargada, las superficies limpias, los tiradores semi-rasados, los nuevos gráficos lumínicos Twin-L y un frontal que interpreta la carrocería spindle en una masa más limpia y unificada. La zaga, con sus faros en forma de L, la caída del techo y una postura muy horizontal, remata una imagen bastante sofisticada. Además, todo ello está muy trabajado desde el punto de vista aerodinámico, con un Cx de 0,27, un dato muy sólido para un SUV de este tamaño.

Las dimensiones del TZ dicen bastante sobre sus intenciones. Con 5.100 mm de largo, 1.990 mm de ancho, 1.705 mm de alto y una distancia entre ejes de 3.050 mm, está claramente en el territorio de los SUV grandes pensados para ofrecer amplitud real. Lexus compara de forma indirecta estas medidas con las del RX, que se queda en 4.890 mm y 2.850 mm de batalla, dejando claro que el TZ no llega para ser un paso intermedio, sino una propuesta superior en volumen y planteamiento. Además, con la tercera fila desplegada ya ofrece 290 litros de maletero, y cuando se abaten los asientos puede llegar a 2.017 litros, suficiente incluso para cargar dos bicicletas Lexus u objetos de gran longitud. Aquí se nota que el coche no quiere parecer práctico solo en teoría. Quiere serlo también en el uso real.

En la parte tecnológica, el TZ apuesta por una configuración bastante avanzada, pero bien ordenada. El cuadro de instrumentos digital de 12,3 pulgadas se coloca en una posición baja y horizontal para favorecer la visibilidad, mientras que la gran pantalla multimedia central de 14 pulgadas trabaja sincronizada con él, permitiendo incluso replicar el mapa completo de navegación en el cuadro del conductor. Todo el sistema se apoya en la nueva plataforma de software Arene, que debería aportar mayor rapidez de funcionamiento y más variedad de funciones dentro del ecosistema Lexus Connect. A eso se suma un asistente de voz, actualizaciones inalámbricas, servicios remotos, una llave digital Smart Digital Key+ compatible con smartphone y smartwatch, y la posibilidad de compartir el acceso con hasta seis usuarios adicionales. Es una cabina muy digital, sí, pero pensada con bastante lógica humana detrás.

Lexus también parece haber trabajado con mucho detalle la parte menos visible, pero más importante, de un coche eléctrico grande: la gestión energética. El TZ permite supervisar la batería, la autonomía y la carga tanto desde la app Lexus Link+ como desde el propio sistema multimedia. El coche integra planificación de rutas con puntos de recarga, información en tiempo real del estado de carga y un menú específico para todo lo relacionado con el rendimiento eléctrico. Además, incorpora preacondicionamiento de batería, que puede activarse automáticamente cuando el navegador lleva a una estación de carga o de forma manual antes de la parada. Esa atención al detalle ayuda a que el uso del coche sea más sencillo y a que la recarga rápida se mantenga en mejores condiciones de temperatura y eficiencia.

En la parte mecánica, el Lexus TZ tampoco se queda corto. Utiliza una batería de ion de litio de 95,8 kWh y un sistema eléctrico con eAxles delante y detrás, cada uno con 167 kW, es decir, 227 CV, y 268,6 Nm de par. La potencia total del sistema se sitúa en 300 kW, equivalentes a 408 CV, suficiente para mover sus 2.630 kg con una aceleración de 0 a 100 km/h en 5,4 segundos. La autonomía prevista alcanza los 540 km, aunque dependerá del acabado. Son cifras muy competitivas para un SUV de seis plazas de este tamaño, especialmente porque Lexus las acompaña con una promesa clara de suavidad, silencio y respuesta lineal, rasgos muy alineados con su manera de entender la movilidad premium.

Aunque todo el discurso del coche gira mucho alrededor del confort, el TZ no renuncia a una base dinámica bastante sofisticada. El sistema de tracción total DIRECT4 distribuye automáticamente el par entre ambos ejes según el modo de conducción y las condiciones reales, mientras que la dirección trasera dinámica permite que las ruedas posteriores giren hasta cuatro grados. Eso mejora maniobras y trazado a baja y media velocidad, y refuerza la estabilidad cuando se circula rápido. De hecho, el radio de giro puede quedarse en 5,4 metros con este sistema, una cifra muy buena para un coche de cinco metros. A eso se suma un sistema de frenado electrónicamente controlado, una frenada regenerativa de hasta 0,2 g y cinco niveles distintos de desaceleración seleccionables mediante las levas del volante. Todo sugiere un trabajo bastante serio para que el coche no sea solo cómodo, sino también preciso y fácil de llevar.

Un detalle especialmente curioso del TZ es la presencia de Interactive Manual Drive, una tecnología que simula el uso de una transmisión manual de ocho velocidades dentro de un coche eléctrico. Ya se había visto antes en el RZ 550e F SPORT, y aquí reaparece como una forma de enriquecer la relación entre coche y conductor. El sistema genera cambios virtuales en función del uso del acelerador y de la velocidad, incorpora un tacómetro en la instrumentación, una banda sonora simulada de motor térmico y cierta retroalimentación en el volante. Puede parecer un recurso casi lúdico, pero también revela algo interesante: Lexus no quiere que el eléctrico premium quede reducido a una experiencia aséptica y demasiado filtrada. Sigue intentando introducir capas de interacción para quien disfruta conduciendo.

Por último, el TZ se beneficia del último paquete Lexus Safety System+, con funciones de seguridad activa y asistencia al conductor muy avanzadas. El sistema precolisión amplía su capacidad para detectar obstáculos móviles y estáticos, opera a distancias más cortas entre vehículos y mejora el reconocimiento de riesgos en cruces. El control de crucero adaptativo añade un nuevo modo Eco Run, pensado para aprovechar incluso el efecto aerodinámico del vehículo que circula delante y ayudar a conservar energía. Además, Map Connected Drive utiliza información cartográfica para optimizar aceleración y frenada en curvas, cruces, stops y peajes, y la asistencia de cambio de carril mejora el apoyo en autopista con maniobras más rápidas y suaves. Todo esto encaja muy bien con el perfil del modelo: un gran coche familiar, sí, pero también un Lexus muy pendiente de la tranquilidad al volante.

Al final, lo más interesante del nuevo Lexus TZ es que parece pensado desde una idea bastante clara de lo que debería ser un gran SUV eléctrico premium en esta segunda fase de la electrificación. Ya no basta con ofrecer autonomía, potencia y una pantalla enorme. Ahora también importa mucho cómo se vive el coche por dentro, cómo se pasa el tiempo en él y cómo consigue combinar sofisticación tecnológica con un confort de verdad. El TZ quiere jugar justo ahí, en ese cruce entre salón móvil, coche familiar de alta gama y SUV eléctrico muy serio. Luego tocará verlo en la calle, comprobar precios, versiones y recepción del mercado. Pero sobre el papel, desde luego, Lexus ha puesto sobre la mesa una propuesta muy completa y con bastante personalidad.
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