

























Un análisis de proteínas atrapadas en dientes de hace 400.000 años ha abierto una nueva vía para entender cómo se mezclaron distintas especies de homínidos en Asia.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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Hubo un tiempo en el que Asia estuvo habitada por distintos grupos humanos al mismo tiempo. Algunos caminaban erguidos desde hacía más de un millón de años. Otros comenzaban a expandirse por regiones heladas y montañosas. Y todos ellos, aunque separados durante décadas en los libros de texto, quizá nunca estuvieron realmente aislados.
Ahora, un estudio publicado en la revista Nature ha añadido una pieza inesperada a ese rompecabezas. Investigadores del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de la Academia China de Ciencias han conseguido recuperar proteínas antiguas de seis dientes atribuidos a Homo erectus hallados en China. El trabajo, tal y como ha revelado el equipo liderado por la genetista Fu Qiaomei, ofrece por primera vez una conexión molecular entre estos humanos arcaicos y los denisovanos, uno de los grupos más misteriosos de la evolución humana.
La investigación se ha centrado en fósiles procedentes de tres yacimientos emblemáticos: Zhoukoudian, cerca de Pekín —célebre por el llamado “Hombre de Pekín”—, Hexian y Sunjiadong. Todos los restos tienen una antigüedad cercana a los 400.000 años, un periodo en el que Asia era un auténtico mosaico de poblaciones humanas.
Hasta ahora, el gran problema para estudiar a Homo erectus había sido el tiempo. El ADN rara vez sobrevive durante cientos de miles de años en climas templados o cálidos. Y sin ADN, reconstruir relaciones familiares entre especies humanas se convierte en una tarea casi imposible. Por eso los científicos recurrieron a otra fuente de información mucho más resistente: las proteínas conservadas en el esmalte dental.
El esmalte es el tejido más duro del cuerpo humano. En algunos casos puede conservar restos moleculares durante cientos de miles e incluso millones de años. Aprovechando esa resistencia, los investigadores desarrollaron una técnica menos invasiva basada en un grabado químico con ácido que permite extraer proteínas sin destruir los fósiles, algo fundamental tratándose de restos únicos.
El equipo logró recuperar once proteínas distintas presentes en el esmalte dental. Entre ellas apareció una especialmente importante: la ameloblastina, una proteína relacionada con la formación de los dientes. Fue ahí donde comenzaron las sorpresas.
Los científicos detectaron dos variantes genéticas compartidas por los seis individuos estudiados. La primera nunca había sido identificada antes en ninguna otra especie humana conocida. Según el estudio, esta mutación podría convertirse en una especie de “firma molecular” exclusiva de ciertas poblaciones de Homo erectus del este asiático.

El hallazgo tiene implicaciones importantes porque sugiere que los fósiles de los tres yacimientos chinos pertenecían a una misma población evolutiva, pese a las diferencias físicas observadas entre ellos. Durante años, algunos paleoantropólogos habían debatido incluso si ciertos restos de Hexian podían pertenecer a denisovanos y no a Homo erectus.
Sin embargo, la segunda variante encontrada es la que realmente ha captado la atención internacional.
La presencia de esta variante genética en todos los fósiles analizados sugiere que distintas poblaciones humanas convivieron y se mezclaron en Asia mucho antes de lo que se creía.
La investigación identificó en los seis dientes una mutación denominada AMBN-M273V. Lo llamativo es que esa variante ya había aparecido anteriormente en restos denisovanos.
Los denisovanos son uno de los grupos humanos más enigmáticos conocidos hasta ahora. Apenas se han encontrado unos pocos dientes, fragmentos óseos y una mandíbula repartidos entre Siberia, el Tíbet y otras zonas de Asia. Ni siquiera poseen todavía una clasificación formal como especie diferenciada. Aun así, las pruebas genéticas han demostrado que se cruzaron tanto con neandertales como con Homo sapiens.
De hecho, algunas poblaciones actuales del sudeste asiático y Oceanía todavía conservan fragmentos de ADN denisovano en su genoma.
Lo que plantea ahora el estudio es que parte de esa herencia genética podría proceder originalmente de grupos relacionados con Homo erectus.

Tal y como indica el trabajo publicado en Nature, la presencia de esta variante en todos los individuos estudiados sugiere que apareció primero en poblaciones de Homo erectus y más tarde pasó a los denisovanos mediante cruces entre grupos humanos distintos. Posteriormente, los denisovanos habrían transmitido esa información genética a algunos humanos modernos.
La hipótesis encaja con una idea cada vez más aceptada entre los especialistas: la evolución humana no fue una línea recta, sino una compleja red de poblaciones que convivieron, migraron y se mezclaron repetidamente durante cientos de miles de años.
Los investigadores lograron recuperar proteínas atrapadas en el esmalte dental, uno de los tejidos más resistentes del cuerpo humano.
Durante décadas, la imagen clásica de la evolución humana mostraba especies sucediéndose unas a otras de manera ordenada. Pero los descubrimientos de los últimos años han desmontado esa visión simplificada.
Hoy sabemos que Homo sapiens tuvo descendencia con neandertales. También con denisovanos. Y los denisovanos, a su vez, parecen haber heredado genes de poblaciones todavía más antiguas y desconocidas, las llamadas “líneas fantasma”.
El nuevo estudio chino añade a Homo erectus a ese escenario de contactos e intercambios genéticos.
Además, los investigadores pudieron determinar el sexo de los individuos estudiados gracias a proteínas específicas relacionadas con el cromosoma Y. Cinco de los dientes pertenecían a hombres y uno a una mujer, demostrando el potencial de estas nuevas técnicas paleoproteómicas para estudiar fósiles extremadamente antiguos.

El hallazgo llega en un momento especialmente importante para la paleoantropología asiática. En los últimos años, China se ha convertido en uno de los grandes focos de descubrimientos sobre evolución humana, con fósiles que están obligando a revisar muchas ideas tradicionales sobre el origen y expansión de distintas especies humanas.
La investigación apunta a que parte de la herencia genética de antiguos homínidos pudo llegar hasta algunas poblaciones humanas actuales.
Aun así, los propios autores del estudio reconocen que las proteínas ofrecen una información limitada comparada con el ADN. Sin restos genéticos completos sigue siendo imposible reconstruir con precisión cómo fueron esas relaciones entre Homo erectus, denisovanos y humanos modernos.
Pero sí hay algo que parece cada vez más claro: nuestros antepasados no vivieron separados en compartimentos estancos. Compartieron territorios, recursos y probablemente también descendencia. Y algunos rastros de aquellos encuentros todavía sobreviven hoy, ocultos en el interior de un diente fosilizado durante 400.000 años.
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