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Los pañales de tu bebé tardan 500 años en descomponerse, ...
scruzcampill · 2026-04-25 · via Muy Interesante

El primer pañal desechable de la historia sigue en algún vertedero del mundo. Intacto. Esperando. Mientras tanto, una startup de Austin lleva cuatro años enseñando a un hongo a hacer lo que los plásticos llevan décadas resistiéndose a permitir.

La solución biológica transformando siglos de residuos acumulados en materia orgánica vital. Fuente: ChatGPT / Scruzcampillo.
La solución biológica transformando siglos de residuos acumulados en materia orgánica vital. Fuente: ChatGPT / Scruzcampillo.

Publicado por Santiago Campillo Brocal

Biólogo. Máster en Biología Molecular y Biotecnología, Director de Muy Interesante Digital

Creado: Actualizado:

Cada bebé consume entre 5.000 y 6.000 pañales antes de aprender a usar el baño. En Estados Unidos, 18.000 millones de pañales acaban en vertederos cada año, donde cada uno puede permanecer hasta 500 años sin descomponerse de forma significativa. El problema no es solo el volumen: los pañales están hechos de polipropileno, polietileno y poliacrilato de sodio, polímeros sintéticos que los microorganismos del suelo son incapaces de atacar con eficiencia en las condiciones habituales de un vertedero.

Las alternativas que existen hasta ahora son insatisfactorias. Los pañales compostables industriales requieren instalaciones específicas de compostaje a altas temperaturas que la mayoría de municipios no tiene. Los reutilizables exigen una logística de lavado que no encaja con todos los estilos de vida. Y el reciclaje de pañales usados es, por razones sanitarias evidentes, un proceso complicado y muy poco extendido.

Hiro Technologies, una startup con sede en Austin (Texas), propone una vía diferente: llevar la solución dentro del propio pañal, en forma de esporas fúngicas durmientes que se activan con la humedad una vez el pañal llega al vertedero. El producto se llama MycoDigestible Diaper, y su cobertura en Nature Biotechnology en abril de 2026 lo ha situado en el foco del debate sobre biotecnología aplicada a la gestión de residuos.

Lo que los hongos llevan millones de años haciendo

Antes de hablar del producto conviene entender la biología detrás. Los hongos no son plantas ni animales: pertenecen a su propio reino, y llevan más de mil millones de años siendo los principales descomponedores de materia orgánica compleja en los ecosistemas terrestres. Su herramienta principal son las hifas, filamentos microscópicos que se extienden por el sustrato y secretan enzimas capaces de romper moléculas de alta complejidad.

El sustrato natural de muchos hongos es la lignina, el polímero que da rigidez a la madera y que comparte con los plásticos sintéticos una característica estructural clave: una cadena carbonada larga y ramificada que los organismos convencionales son incapaces de degradar. Las enzimas fúngicas, en cambio, llevan cientos de millones de años perfeccionando exactamente eso: romper cadenas de carbono complejas. La observación de que esas mismas enzimas podrían atacar el polietileno o el polipropileno no es nueva, pero traducirla a una aplicación comercial viable ha llevado décadas.

La literatura científica revisada por pares respalda la capacidad fúngica de degradar plásticos en condiciones de laboratorio. Una revisión publicada en Biodegradationen 2024 identificó más de 70 especies fúngicas capaces de deteriorar distintos polímeros sintéticos, incluyendo polietileno, polipropileno, poliestireno y poliuretano. Los mecanismos documentados incluyen la formación de biopelículas sobre la superficie del plástico, la secreción de enzimas hidrolíticas que fragmentan los polímeros y la mineralización de los residuos en productos como CO₂, agua y biomasa fúngica.

Un estudio de la Universidad de Hawái en Manoa, publicado en Mycologia en diciembre de 2024, fue un paso más allá: aisló 68 cepas de hongos marinos y demostró que 42 de ellas degradaban poliuretano en condiciones experimentales. Tres de las nueve cepas más eficientes mejoraron su rendimiento al ser entrenadas progresivamente con concentraciones crecientes del polímero, lo que sugiere que la capacidad de degradación es adaptable. En 2025, un equipo del CSIC demostró que el hongo mediterráneo Alternaria alternata eliminaba el 96% de las micropartículas de poliestireno en suspensión en 24 horas en condiciones de laboratorio.

Otros hongos en la carrera contra el plástico

Hiro no es la única apuesta por la micorremediación de plásticos. En los últimos años han emergido varias líneas de investigación que, cada una desde un ángulo distinto, exploran el mismo principio: usar la maquinaria enzimática de los hongos para atacar residuos que la industria no sabe qué hacer con ellos. Los resultados, en todos los casos, son prometedores en laboratorio pero todavía incipientes en escala real.

Pestalotiopsis microspora, descubierta en 2012 por investigadores de Yale en la selva amazónica ecuatoriana, fue el primer hongo en demostrar capacidad de degradar poliuretano en condiciones de ausencia de oxígeno, es decir, en las mismas condiciones anóxicas que se dan en el interior de un vertedero. Su hallazgo fue un cambio conceptual: demostró que la degradación fúngica de plásticos no requería necesariamente las condiciones aeróbicas que los laboratorios habían dado por supuestas. Desde entonces, la cepa ha sido estudiada extensamente, aunque su aplicación a escala sigue sin resolver.

Otra línea de trabajo ha girado en torno a Aspergillus tubingensis, identificado en 2017 por investigadores del Centro de Biotecnología de la COMSATS en Pakistán. Este hongo degrada el poliuretano en cuestión de semanas en lugar de años, utilizando una combinación de acción mecánica de sus hifas y secreción de serina hidrolasa, una enzima que rompe los enlaces éster del polímero con una eficiencia inusual. La investigación generó un interés inmediato porque el poliuretano está presente en colchones, zapatillas, espumas de aislamiento y cientos de productos de uso cotidiano.

Representación de la degradación micótica a nivel microscópico: la naturaleza reclamando el residuo sintético. Foto: Nano Banana / Scruzcampillo.
Representación de la degradación micótica a nivel microscópico: la naturaleza reclamando el residuo sintético. Foto: Nano Banana / Scruzcampillo.

En paralelo, grupos de la Universidad de Utrecht han trabajado en consorcios fúngico-bacterianos, combinaciones de hongos y bacterias que actúan de forma sinérgica sobre el plástico. La lógica es que los hongos fragmentan inicialmente el polímero con sus enzimas extracelulares y las bacterias metabolizan los fragmentos resultantes. Los consorcios han demostrado tasas de degradación de polietileno de baja densidad superiores a las de cualquier microorganismo actuando en solitario, aunque las condiciones necesarias para mantener estable el consorcio siguen siendo difíciles de replicar fuera del laboratorio.

Por último, el Instituto Max Planck ha apostado por la ingeniería enzimática: en lugar de usar los hongos enteros, aíslan sus enzimas más activas y las optimizan mediante evolución dirigida. Las lacasas y peroxidasas fúngicas modificadas pueden atacar el polietileno con una eficiencia varias veces superior a la de las enzimas naturales, aunque la producción a escala añade costes y complejidades logísticas propias.

El hongo durmiente dentro del pañal

Lo que Hiro Technologies ha construido parte de esa base científica y la traslada a un problema concreto. Cada pañal viene acompañado de una bolsita, el HIRO Myco-Pod, que contiene esporas fúngicas deshidratadas en estado durmiente. La bolsita se introduce en el pañal usado antes de tirarlo. Una vez en el vertedero, la humedad del entorno activa las esporas, que germinan y comienzan a colonizar los materiales del pañal desde dentro.

La cepa que usa Hiro es una mezcla propietaria de hongos de grado culinario, no modificados genéticamente y sin toxicidad documentada. Según los datos de la empresa, la colonización comienza en condiciones óptimas de laboratorio en torno a los 14 días, con una degradación visible de los materiales en los primeros seis meses. La meta declarada es la descomposición completa del pañal en menos de doce meses en vertedero. El pañal también incorpora hasta un 50% menos de plástico que los convencionales y prescinde del blanqueado con cloro.

Es importante detenerse aquí un momento. Los datos de eficacia que maneja Hiro son resultados internos de la empresa, no publicaciones revisadas por pares en revistas científicas independientes. La cobertura en Nature Biotechnology es un perfil periodístico firmado por la redactora Claire Turrell, no un estudio original sometido a revisión externa. Eso no invalida los resultados, pero los sitúa donde corresponde: como promesas con base biológica sólida que aún esperan validación independiente a escala real. Los vertederos reales son entornos variables en temperatura, humedad y composición, y la actividad fúngica es sensible a todos esos factores.

La empresa fue cofundada por Miki Agrawal y Tero Isokauppila, y lanzó el producto en septiembre de 2025 tras cuatro años de desarrollo. El premio Hygienix Innovation Award 2024, el mayor galardón de la industria de no tejidos, fue el primer reconocimiento externo a la tecnología.

Un punto de partida, no un punto final

La micorremediación de plásticos está en un momento parecido al que vivió la biorremediación bacteriana de hidrocarburos en los años noventa: hay evidencia sólida de que funciona en condiciones controladas, hay actores que empujan hacia la aplicación comercial, y hay una brecha todavía abierta entre los resultados de laboratorio y la eficacia demostrada en el mundo real a escala. Esa brecha no desacredita la dirección; la sitúa correctamente en el tiempo.

El siguiente umbral técnico para Hiro, y para el campo en general, pasa por dos cuestiones. La primera es demostrar eficacia consistente en las condiciones variables de vertederos reales, no solo en las condiciones óptimas del laboratorio. La segunda es caracterizar mejor los productos intermedios de la degradación: fragmentar polímeros complejos puede generar compuestos cuya toxicidad ambiental no está completamente estudiada.

Lo que la ciencia sí tiene claro es que los hongos llevan haciendo esto mucho antes de que existiera el plástico. La pregunta no es si pueden. La pregunta es si podemos replicar esa capacidad a la escala que el problema exige.

Referencias