
























Un nuevo estudio en antiguos humedales de Israel revela que el clima del Mediterráneo oriental cambió de forma abrupta durante milenios, pero las comunidades humanas no desaparecieron: aprendieron a adaptarse.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
Creado: Actualizado:
Durante décadas, muchos investigadores imaginaron el final de la llamada “África Verde” como un proceso lento y relativamente estable. Según esa idea, las lluvias fueron desapareciendo gradualmente hasta transformar buena parte del norte de África y del Mediterráneo oriental en regiones más secas. Sin embargo, un nuevo trabajo internacional acaba de desmontar esa imagen lineal del pasado y plantea un escenario mucho más imprevisible: largos periodos de humedad interrumpidos por sequías repentinas, cambios climáticos bruscos y oscilaciones capaces de alterar la vida humana en apenas unas generaciones.
El hallazgo llega desde la costa del Carmelo, en el actual Israel, donde un equipo internacional de investigadores ha reconstruido cerca de 4.000 años de historia climática gracias a sedimentos enterrados bajo un antiguo humedal. Tal y como ha revelado el estudio publicado en Quaternary Science Reviews, el Mediterráneo oriental atravesó episodios de auténtico “caos climático” entre hace unos 8.000 y 4.000 años, justo en un periodo crucial para el desarrollo de las primeras sociedades agrícolas y urbanas del Levante.
Lo más llamativo no es únicamente la violencia de esos cambios ambientales, sino la respuesta humana. Frente a la idea tradicional de que las sequías provocaban automáticamente colapsos sociales, abandono de asentamientos o migraciones masivas, los investigadores sostienen que las comunidades antiguas demostraron una enorme capacidad de adaptación. En lugar de desaparecer, modificaron sus estrategias económicas, desarrollaron nuevas formas de gestionar el agua y expandieron sus asentamientos hacia zonas más áridas.
El trabajo ha sido liderado por especialistas de la Universidad de California en San Diego y de la Universidad de Haifa, que perforaron hasta 16 metros de profundidad en los antiguos pantanos de Kebara, entre el Mediterráneo y la sierra del Carmelo. Bajo esas capas de barro encontraron un archivo natural extraordinario: granos de polen, restos de semillas, carbón vegetal, conchas microscópicas y señales químicas capaces de reconstruir el clima del pasado con un nivel de detalle poco habitual para esta región.
Hoy resulta difícil imaginarlo, pero la costa israelí del Carmelo estuvo ocupada durante milenios por amplios humedales alimentados por manantiales y lluvias estacionales. Aquellas marismas funcionaron como una gigantesca trampa natural donde quedaron almacenados sedimentos capa tras capa, como si se tratara de páginas geológicas de un libro de historia.
Cada estrato contenía pistas sobre el ambiente de su época. Las especies de agua dulce indicaban periodos lluviosos y pantanos estables; ciertos minerales asociados a la evaporación apuntaban a fases de sequía; el carbón vegetal reflejaba incendios, erosión o escorrentías; mientras que el polen permitía reconstruir qué tipo de vegetación dominaba el paisaje en cada momento.
Tal y como indica el artículo, los investigadores desarrollaron además una nueva herramienta denominada KRWL (Kebara Relative Wetness Level), un índice que combina múltiples indicadores biológicos y geoquímicos para medir los cambios de humedad a lo largo del tiempo. Gracias a este método pudieron detectar fluctuaciones climáticas a escala de décadas e incluso identificar episodios extremadamente secos que antes apenas se apreciaban en los registros regionales.

Los resultados muestran que el periodo más húmedo se produjo hace entre 7.800 y 7.600 años, coincidiendo con el llamado Óptimo Climático del Holoceno. En aquel momento, el Mediterráneo oriental disfrutaba de un clima mucho más favorable que el actual, con lluvias abundantes y humedales extensos. Pero después comenzó un deterioro progresivo, aunque lejos de ser uniforme.
El estudio documenta alternancias continuas entre fases húmedas y secas durante siglos enteros. Algunas sequías fueron especialmente intensas alrededor de hace 4.200 años, un episodio climático conocido en numerosos yacimientos de Oriente Próximo y asociado históricamente con importantes transformaciones políticas y urbanas.
El clima del Mediterráneo oriental no cambió de forma lenta y predecible: alternó entre periodos húmedos y sequías extremas capaces de transformar la vida humana en apenas unas generaciones.
Durante el Holoceno temprano, gran parte del Sáhara era muy distinta a la actual. Existían lagos, redes fluviales y sabanas donde hoy solo hay desierto. Ese periodo, conocido como Periodo Húmedo Africano, convirtió enormes zonas del norte de África en regiones habitables para animales y comunidades humanas.
El nuevo trabajo sugiere que la desaparición de aquel paisaje fértil fue mucho más irregular de lo que se pensaba. El Mediterráneo oriental no experimentó una simple transición hacia la aridez, sino una sucesión de oscilaciones climáticas abruptas que alteraron el equilibrio hidrológico de la región durante miles de años.
La investigación identifica incluso señales del famoso evento climático de hace 8.200 años, uno de los enfriamientos más bruscos del Holoceno, vinculado a alteraciones oceánicas en el Atlántico Norte. Aunque este episodio ya había sido detectado en otros registros paleoclimáticos, los sedimentos de Kebara muestran cómo afectó concretamente a los ecosistemas costeros levantinos.
Además, los científicos compararon sus datos con registros procedentes de cuevas, sedimentos marinos y antiguos lagos del Mediterráneo oriental. La coincidencia entre distintas fuentes refuerza la idea de que los cambios climáticos fueron regionales y no simples anomalías locales.
El estudio también cuestiona parcialmente la idea de los llamados “puntos de no retorno” climáticos en la Antigüedad. Aunque hubo episodios de estrés ambiental severo, el deterioro no parece haber sido instantáneo ni uniforme. Más bien se trató de un proceso largo, irregular y lleno de oscilaciones.

Hace 8.000 años, parte del Mediterráneo oriental era mucho más húmedo y verde que en la actualidad, con extensos humedales hoy desaparecidos.
Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es la relación entre clima y ocupación humana. Durante años, numerosos estudios defendieron que las sequías antiguas provocaban automáticamente el colapso de sociedades complejas. Sin embargo, el equipo de investigación sostiene que la realidad fue mucho más compleja.
Tal y como ha explicado el estudio, las comunidades del Levante meridional reaccionaron desarrollando nuevas estrategias de supervivencia. En ese periodo aparecen formas tempranas de agricultura basada en inundaciones estacionales, sistemas más eficientes de manejo ganadero y una expansión de asentamientos hacia regiones menos húmedas.
La investigación comparó los registros climáticos con evidencias arqueológicas procedentes de distintos asentamientos de la costa del Carmelo y del valle de Be’er Sheva. Aunque existen coincidencias temporales entre algunos episodios de sequía y cambios poblacionales, los autores insisten en que no puede establecerse una relación automática de causa y efecto.
En otras palabras: el clima condicionaba, pero no determinaba completamente el destino de las sociedades humanas. Algunas comunidades abandonaron determinadas áreas, otras se reorganizaron y muchas lograron adaptarse mediante innovación tecnológica y cambios económicos.
Esta visión encaja cada vez más con la tendencia actual de la arqueología climática, que intenta evitar interpretaciones excesivamente simplistas sobre los llamados “colapsos” del pasado. Las sociedades antiguas eran vulnerables, pero también extraordinariamente resilientes.
Los científicos perforaron hasta 16 metros de profundidad para extraer cilindros de sedimento que conservaban miles de años de memoria ambiental.
Más allá de las conclusiones históricas, el proyecto tiene una dimensión tecnológica muy llamativa. Parte de los investigadores trabaja ya en reconstrucciones virtuales impulsadas por inteligencia artificial para recrear estos paisajes desaparecidos del Mediterráneo oriental.
Según ha adelantado el equipo, estudiantes y especialistas están uLos científicos perforaron hasta 16 metros de profundidad para extraer cilindros de sedimento que conservaban miles de años de memoria ambiental”tilizando datos geológicos y arqueológicos para generar modelos inmersivos capaces de mostrar cómo eran estos humedales hace miles de años. El objetivo es permitir futuras exploraciones virtuales basadas en evidencias científicas reales.
La combinación entre arqueología, paleoclimatología e inteligencia artificial está abriendo nuevas posibilidades para estudiar el pasado humano. En este caso, no solo permite comprender cómo cambiaron los ecosistemas mediterráneos, sino también cómo las personas respondieron a escenarios ambientales extremos mucho antes de la aparición de las civilizaciones clásicas.
Y quizá esa sea una de las conclusiones más actuales del estudio. En un momento en el que el cambio climático vuelve a convertirse en una preocupación global, los sedimentos enterrados bajo antiguos pantanos israelíes recuerdan que las sociedades humanas llevan milenios enfrentándose a crisis ambientales. Algunas desaparecieron, sí, pero muchas otras sobrevivieron gracias a la adaptación, la innovación y la capacidad de reinventarse.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。