























Arqueólogos descubren en el yacimiento de Djarkutan, Uzbekistán, el más antiguo ejemplo conocido de cirugía craneal en Asia. Se realizó hace 4.000 años en un niño de la Civilización del Oxus.
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El cuidado de los enfermos podría considerarse uno de los rasgos característicos de la civilización: el empleo de recursos para velar por los más desvalidos y necesitados del grupo. Una tumba recién descubierta en la antigua ciudad de Djarkutan, en el actual Uzbekistán, proporciona un nuevo ejemplo de esta práctica, la de sanación y el cuidado, que nos hace humanos.
En el enterramiento, dos niños yacían uno junto al otro. Uno de ellos tenía cinco años cuando murió. El otro, apenas tres. Cuatro milenios después, la arqueología ha recuperado la prueba de que alguien, en plena Edad del Bronce, intervino quirúrgicamente el cráneo de ese niño para intentar salvarle la vida. El hallazgo, anunciado en 2026 por la Misión Arqueológica Italiana en Uzbekistán, constituye la evidencia más antigua de intervención quirúrgica documentada en toda Asia Central y una de las más antiguas de todo el continente asiático. Un descubrimiento que obliga a replantear cuándo y dónde nació la medicina como disciplina organizada.
Una tumba recién descubierta en la antigua ciudad de Djarkutan, en el actual Uzbekistán, proporciona un nuevo ejemplo de las prácticas de la sanación y del cuidado que nos hacen humanos.

Djarkutan fue un centro urbano organizado en barrios, con arquitectura monumental, cerámica de alta calidad y una economía agrícola avanzada. Perteneció a la Civilización del Oxus, también conocida como Complejo Arqueológico de la Battriana y la Margiana (BMAC). Esta cultura, que dominó Asia Central entre el 2500 y el 1500 a.C., se extendió por el territorio de los actuales Uzbekistán, Turkmenistán y el norte de Afganistán, con ramificaciones hacia el este de Irán y las costas del Golfo Pérsico. Su desaparición, hacia el segundo cuarto del segundo milenio a.C., suele atribuirse a factores paleoclimáticos que causaron la desecación de los ríos que la sostenían.
En ese contexto de sofisticación urbana, el hallazgo de un caso de trepanación cobra una dimensión extraordinaria. El equipo responsable del hallazgo hipotetiza que, en Djarkutan, un grupo de especialistas cuya identidad aún se desconoce poseía los conocimientos anatómicos y quirúrgicos necesarios para practicar una intervención de este calibre en un niño. Las hipótesis de los investigadores apuntan a que la trepanación pudo haber servido como tratamiento de patologías del sistema nervioso, como la epilepsia, las migrañas o las alteraciones del comportamiento.
En plena Edad del Bronce, se intervino quirúrgicamente el cráneo de un niño de 5 años para, se presupone, intentar salvarle la vida.

El cráneo del infante presenta señales inequívocas de trepanación, es decir, una apertura practicada en el hueso craneal con instrumentos de piedra o hueso. La datación de la tumba remite al tercer milenio antes de Cristo, en el apogeo de la Civilización del Oxus.
La trepanación es una de las prácticas médicas más antiguas de la humanidad. Se ha documentado en culturas de todo el planeta, desde la Europa neolítica hasta el Perú precolombino. Sin embargo, hasta el momento no se tenían indicios de esta práctica en Asia Central, y menos en un paciente de tan corta edad. De hecho, para los investigadores este es uno de los elementos más desconcertantes del hallazgo. ¿Por qué operaron a un niño de cinco años? ¿Fueron los síntomas tan graves como para justificar una intervención de este calibre? La respuesta podría esconderse en los propios huesos: los análisis físicos y moleculares del esqueleto podrían revelar indicios de patologías crónicas que motivaron la decisión quirúrgica.
Los arqueólogos hipotetizan que, en Djarkutan, un grupo de especialistas cuya identidad aún se desconoce poseía los conocimientos anatómicos y quirúrgicos necesarios para practicar una trepanación en un niño.

¿Sobrevivió el niño a la intervención? Los análisis paleogenéticos y antropológicos que se están llevando a cabo actualmente en los laboratorios de la Universidad del Salento podrían aportar respuestas en los próximos meses. El estudio de los bordes de la herida craneal permitirá detectar posibles signos de cicatrización y, en consecuencia, determinar si el niño vivió después de la operación. Este dato será crucial para evaluar la destreza del experto y la eficacia de las técnicas de trepanación hace 4.000 años.
El profesor Enrico Ascalone, responsable de las excavaciones, destacó que el yacimiento de Djarkutan sigue sorprendiendo a los estudiosos. Cada campaña de excavación desplaza un poco más el confín de lo que se creía posible. En este caso, una trepanación craneal en un niño de hace cuatro mil años en Asia Central era impensable. Hoy, sin embargo, se ha convertido en un dato.
Aún quedan muchas preguntas en espera de respuesta: ¿qué lugar social ocupaban los especialistas responsables de practicar trepanaciones dentro de la comunidad? ¿Qué saberes anatómicos habían acumulado y cómo se integraban en su sistema de prácticas terapéuticas? ¿Por qué eligieron operar a un infante? Las respuestas, si llegan, ampliarán nuestra comprensión de la capacidad humana de cuidar a los más vulnerables.
Los análisis paleogenéticos y antropológicos que se están llevando a cabo actualmente podrían determinar si el niño sobrevivió a la operación.

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