
























Un molar hallado en Siberia revela marcas microscópicas compatibles con una intervención deliberada para aliviar dolor dental. El hallazgo sugiere que los neandertales pudieron desarrollar formas rudimentarias de tratamiento mucho antes del nacimiento de la medicina.
Publicado por César Noragueda
Periodista especializado en cine, ciencia y pensamiento crítico.
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Hace unos 60.000 años, en algún lugar de la actual Siberia, un neandertal abrió la boca mientras otro individuo introducía una pequeña herramienta de piedra en una muela infectada. No existían anestésicos. Ni antibióticos. Ni conocimientos médicos formales. Solo dolor. Y, aparentemente, el intento consciente de aliviarlo.
La escena parece imposible de reconstruir con precisión después de decenas de miles de años. No obstante, un equipo internacional identificó marcas microscópicas compatibles con una intervención dental deliberada. El hallazgo, publicado en PLOS One, se basa en el análisis de un molar descubierto en la cueva de Chagyrskaya, en el sur de Siberia.
El fósil presentaba una cavidad profunda junto a una serie de marcas extremadamente precisas que no encajan con el desgaste normal de la masticación. La hipótesis de los científicos es tan simple como revolucionaria: alguien manipuló deliberadamente el interior del diente para aliviar el dolor o reducir la molestia causada por la infección.
El fósil, identificado como Chagyrskaya 64, pertenece a un neandertal que vivió hace aproximadamente 59.000 años en la región montañosa de Altái. A primera vista, el molar mostraba una caries severa relativamente habitual en restos humanos antiguos. Lo inesperado apareció cuando los investigadores observaron la cavidad mediante microscopía de alta resolución.
Dentro del diente, los investigadores detectaron microestrías orientadas que descartaban un desgaste dental accidental. No parecían fracturas aleatorias ni daños producidos por partículas abrasivas presentes en la dieta. Tampoco coincidían con patrones habituales de desgaste natural.
Las líneas seguían trayectorias concretas, compatibles con movimientos repetitivos realizados mediante un objeto puntiagudo. Según los autores del estudio, las herramientas de piedra produjeron marcas compatibles con movimientos rotatorios controlados dentro de la cavidad dental.

La diferencia parece mínima. Pero altera profundamente la historia que contamos sobre los neandertales. Porque ya no se trata simplemente de un individuo con una caries. Se trata de otro individuo intentando intervenir sobre ella.
Uno de los detalles más fascinantes del estudio es que el diente siguió utilizándose después de la supuesta intervención.
Los investigadores detectaron señales posteriores de desgaste sobre las zonas manipuladas, lo que indica que el individuo continuó masticando tras el procedimiento. En otras palabras, el neandertal sobrevivió a la intervención y continuó utilizando el molar tratado.
La hipótesis de los científicos es tan simple como revolucionaria: alguien manipuló deliberadamente el interior del diente para aliviar el dolor o reducir la molestia causada por la infección.
Si alguien introdujo herramientas de piedra en una caries profunda de otro individuo, probablemente existía una intención concreta: aliviar dolor, liberar presión o eliminar tejido dañado.
Los científicos son prudentes y evitan hablar de “odontología” en sentido moderno. Pero sí emerge algo igualmente importante: la intervención deliberada sugirió un comportamiento orientado al alivio físico.
Durante décadas, los neandertales fueron representados como humanos primitivos dominados por el instinto y cognitivamente inferiores a Homo sapiens. Sin embargo, la arqueología lleva años desmontando esa caricatura.
Hoy sabemos que fabricaban herramientas sofisticadas, utilizaban adhesivos complejos, controlaban el fuego y cuidaban durante años a individuos enfermos o discapacitados. Ahora, el molar de Chagyrskaya añadió evidencia de posibles tratamientos rudimentarios contra el dolor dental.
La idea no resulta tan absurda como parece. En la prehistoria, una infección dental podía convertirse en un problema grave para la supervivencia. El dolor dificultaba comer, dormir o mantener actividad física constante. Una inflamación severa podía extenderse.
En ese contexto, las comunidades neandertales necesitaban aliviar infecciones para proteger la supervivencia colectiva. Y eso cambia la escala del hallazgo.

Para comprobar su hipótesis, los investigadores realizaron experimentos replicativos utilizando herramientas similares a las que empleaban los neandertales de la región.
El equipo trabajó con instrumentos de jaspe capaces de penetrar cavidades dentales y reprodujo distintos movimientos sobre dientes modernos. Después, los experimentos reprodujeron microestrías casi idénticas a las observadas en el fósil.
Las marcas encajaban especialmente bien con movimientos rotatorios controlados realizados al girar la herramienta entre los dedos mientras se raspaba el interior de la cavidad. Eso no demuestra necesariamente un tratamiento médico planificado. Pero sí refuerza la idea de una manipulación intencional y precisa.
Los investigadores se dieron cuenta de que el neandertal sobrevivió a la intervención y continuó utilizando el molar tratado.
La piedra utilizada por los neandertales no actuaba como un instrumento quirúrgico moderno. Funcionaba como una solución empírica nacida directamente del dolor.
La escena reconstruida por los investigadores resulta sorprendentemente humana: alguien sosteniendo una pequeña piedra afilada mientras intenta intervenir sobre el dolor de otro individuo hace decenas de miles de años.
La autora principal del estudio, Alisa Zubova, insiste en que los neandertales probablemente no comprendían la causa biológica de las caries. No conocían bacterias ni procesos infecciosos. Pero eso no significa ausencia total de conocimiento práctico.
El cuerpo humano genera aprendizaje constante mediante experiencia directa. Algunas acciones empeoran el dolor. Otras lo reducen temporalmente. Y, así, la experiencia acumulada permitió desarrollar respuestas empíricas contra el sufrimiento físico.
Dicho de otro modo: la medicina quizá comenzó mucho antes de hospitales, escritura o civilizaciones complejas. Tal vez empezó simplemente cuando alguien descubrió que una herramienta afilada podía aliviar parcialmente la presión dentro de un diente enfermo.
La idea cambia la escala temporal del cuidado humano. Porque las prácticas neandertales adelantaron posibles conductas terapéuticas decenas de miles de años antes de lo que solemos imaginar.

Precisamente por el enorme impacto mediático del hallazgo, los investigadores piden cautela con las interpretaciones.
El estudio no demuestra la existencia de dentistas neandertales ni de procedimientos médicos organizados. Tampoco puede saberse con certeza si la intervención resultó eficaz o si incluso empeoró temporalmente el dolor.
Además, los científicos evitaron interpretar las marcas como evidencia de odontología avanzada. Siempre existe margen para interpretaciones alternativas relacionadas con manipulación accidental o usos no terapéuticos de herramientas dentro de la boca.
La piedra funcionaba como una solución empírica nacida directamente del dolor.
Pese a ello, la hipótesis del tratamiento deliberado es actualmente la que mejor explica el conjunto de evidencias observadas en el molar.
Las estrías encontradas dentro del molar de Chagyrskaya son casi invisibles a simple vista. Pero contienen una historia enorme.
Durante mucho tiempo imaginamos a los neandertales como supervivientes brutales atrapados en un mundo hostil. Sin embargo, las diminutas marcas del molar revelaron intentos conscientes de aliviar el dolor humano mucho antes del nacimiento de la medicina formal.
Mucho antes de hospitales o anestesia, alguien sostuvo una piedra afilada e intentó reducir el sufrimiento de otro ser humano.
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