


























La Marina francesa y los arqueólogos submarinos han localizado frente a Saint-Tropez un barco hundido hace casi 500 años cuyo cargamento sigue intacto en las profundidades.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
Creado: Actualizado:
El Mediterráneo lleva siglos ocultando historias bajo sus aguas, pero pocas veces aparece una capaz de congelar el tiempo de una manera tan precisa. Frente a la costa de Ramatuelle, en el sur de Francia, una operación rutinaria de exploración submarina ha terminado revelando algo mucho más extraordinario de lo esperado: un gran navío mercante desaparecido hace casi cinco siglos y preservado en un estado excepcional a más de 2.500 metros de profundidad.
El hallazgo, adelantado por la Prefectura Marítima del Mediterráneo y el Departamento de Investigaciones Arqueológicas Subacuáticas y Submarinas de Francia (DRASSM), se produjo de forma accidental mientras la Marina francesa realizaba maniobras de vigilancia y reconocimiento de los fondos marinos. Lo que inicialmente parecía una anomalía en las imágenes sonar terminó convirtiéndose en uno de los descubrimientos arqueológicos submarinos más importantes realizados en aguas francesas.
La profundidad es precisamente lo que convierte este caso en algo excepcional. Ningún pecio documentado hasta ahora en aguas bajo jurisdicción francesa había aparecido tan abajo. Allí, en un entorno prácticamente inaccesible para el ser humano, el barco quedó fuera del alcance de saqueadores, corrientes agresivas y muchas de las degradaciones habituales que afectan a otros naufragios históricos.
A diferencia de muchos pecios mediterráneos encontrados cerca de la costa o en profundidades relativamente accesibles, este navío permaneció inmóvil en la oscuridad absoluta durante siglos. Y eso ha permitido a los investigadores enfrentarse a una especie de cápsula del tiempo casi intacta.
La operación para estudiar el lugar tampoco ha sido sencilla. Los equipos franceses recurrieron a vehículos robotizados capaces de descender hasta 4.000 metros. El trayecto hacia el fondo marino duraba cerca de una hora y los arqueólogos seguían la misión desde la superficie mediante cámaras de alta resolución y brazos mecánicos controlados a distancia.

Las primeras imágenes sorprendieron incluso a los propios especialistas. Sobre el lecho marino aparecían cientos de objetos perfectamente reconocibles distribuidos alrededor de la estructura del barco. Había piezas de cerámica, grandes recipientes, platos, barras metálicas y armamento todavía visibles entre los sedimentos.
Tal y como ha revelado el DRASSM, las cámaras captaron más de 80.000 imágenes destinadas a reconstruir digitalmente el pecio mediante fotogrametría 3D. El objetivo no es únicamente conservar una copia virtual del barco, sino entender cómo era exactamente la nave, cómo se hundió y qué rutas comerciales seguía.

Durante las inmersiones, los arqueólogos trabajaron con una precisión extrema. A esa profundidad, cualquier movimiento brusco puede levantar sedimentos y alterar un contexto arqueológico que ha permanecido intacto durante siglos. Los brazos robóticos recuperaron solo unas pocas piezas cuidadosamente seleccionadas para evitar daños innecesarios.
Lo más llamativo, sin embargo, seguía esperando entre la arena y las sombras del Mediterráneo profundo.
Los expertos descubrieron que el barco transportaba una enorme carga de cerámicas decoradas procedentes probablemente de Liguria, en el norte de Italia. Muchas conservan todavía motivos geométricos, decoraciones vegetales y símbolos religiosos pintados en azul, amarillo y tonos verdosos.
Entre ellas destacan decenas de jarras globulares con pico vertedor y asa de cinta, algunas marcadas con las letras “IHS”, un monograma asociado al nombre de Jesucristo utilizado ampliamente en la Europa cristiana de la época moderna.
Según han adelantado los arqueólogos franceses, el pecio podría aportar información inédita sobre las rutas comerciales del Mediterráneo renacentista.
El pecio ha sido bautizado como Camarat 4, en referencia al cabo cercano donde fue localizado. Según las primeras estimaciones, el barco medía alrededor de 30 metros de largo y siete de ancho, dimensiones considerables para un mercante del siglo XVI.
La presencia de seis cañones confirma además que no se trataba de una pequeña embarcación costera. En aquella época, muchas rutas comerciales mediterráneas estaban amenazadas por corsarios, piratas y conflictos marítimos constantes, por lo que los mercantes solían viajar armados.

Los investigadores creen que la nave partió probablemente de Génova o Savona cargada de mercancías italianas y navegaba hacia el oeste cuando se produjo el hundimiento. Lo que ocurrió exactamente sigue siendo un misterio. No hay registros claros del naufragio y precisamente por eso el hallazgo resulta tan valioso.
Tal y como indican los arqueólogos responsables del proyecto, apenas existen documentos detallados sobre muchos barcos mercantes del siglo XVI. Cada pecio descubierto aporta información fundamental sobre las rutas comerciales, las técnicas de navegación y la vida cotidiana en pleno auge del comercio mediterráneo renacentista.
Además de las cerámicas, los robots detectaron anclas, calderos y barras de hierro dispersas por el fondo. Parte de la carga permanece todavía enterrada bajo la arena, por lo que futuras campañas podrían revelar nuevos materiales.
Los arqueólogos describen el yacimiento como una auténtica cápsula del tiempo del Mediterráneo moderno.
Pero entre las piezas del siglo XVI apareció también algo mucho más contemporáneo. Las cámaras submarinas registraron latas, envases de yogur, botellas de plástico y restos de redes de pesca atrapados entre los restos históricos del barco.
La imagen produjo una mezcla de fascinación y decepción entre los investigadores. En uno de los lugares más profundos y remotos del Mediterráneo, la contaminación moderna ya forma parte del paisaje arqueológico.
Por eso el proyecto no se centrará únicamente en el estudio histórico del pecio. Las autoridades francesas quieren convertir Camarat 4 en un símbolo de sensibilización sobre el impacto humano en los océanos, incluso en zonas aparentemente inalcanzables.
Mientras tanto, el barco sigue allí abajo, inmóvil desde hace casi 500 años. En silencio, rodeado de oscuridad y sedimentos, conserva intacto un fragmento olvidado de la historia comercial del Mediterráneo.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。