

























Una roca hallada en la costa sudafricana y analizada recientemente podría adelantar en decenas de miles de años el nacimiento del arte figurativo humano.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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Hay descubrimientos arqueológicos que impresionan por su tamaño, otros por los tesoros que esconden y algunos por las preguntas que plantean. El hallazgo de una roca erosionada en la costa sur de Sudáfrica pertenece a esta última categoría. A primera vista parece una simple piedra moldeada por el viento y el mar, pero un grupo de investigadores cree que podría tratarse de algo mucho más extraordinario: una posible obra artística creada por humanos hace unos 130.000 años.
El objeto fue localizado en 2018 cerca de Still Bay, una región clave para entender la evolución del comportamiento simbólico humano. Allí se encuentran yacimientos fundamentales como la cueva de Blombos, famosa por sus grabados geométricos y por aportar algunas de las evidencias más antiguas de pensamiento abstracto conocidas hasta ahora.
La roca apareció entre bloques desprendidos de antiguos acantilados de aeolianita, un tipo de sedimento costero endurecido por procesos naturales. Lo que llamó la atención de Emily Brink, la científica ciudadana que la encontró, fue su extraña simetría. La pieza tenía una forma inusualmente regular, con bordes equilibrados y una serie de surcos alineados de manera casi perfecta.
A partir de ahí comenzó una investigación liderada por Charles Helm, de la Universidad Nelson Mandela, cuyos resultados fueron publicados en 2024 en la revista Rock Art Research. Tal y como indica el estudio, los investigadores llevaban años documentando huellas fósiles y marcas antiguas en esa franja costera, una zona que se ha convertido en un auténtico laboratorio natural del Pleistoceno.
La costa sudafricana conserva algo excepcional: superficies antiguas de arena que se endurecieron antes de desaparecer. En ellas han quedado registradas huellas humanas, rastros de animales y marcas de patrones realizados sobre arena blanda que terminaron fosilizándose con el paso de miles de años.
Hasta ahora, la mayoría de esos hallazgos correspondían a figuras geométricas o líneas abstractas. Algunos investigadores las relacionan con actividades simbólicas tempranas, mientras que otros creen que ciertas marcas pudieron tener usos prácticos. Pero la roca encontrada cerca de Still Bay era diferente.

El equipo utilizó fotogrametría tridimensional y estudios geológicos de la zona para analizarla sin dañarla. Como no podían fechar directamente la pieza sin destruir parte de ella, recurrieron a la luminiscencia estimulada ópticamente en sedimentos cercanos. Los resultados situaron la formación del entorno en torno a hace 130.000 años, durante el llamado estadio isotópico marino 5.
Ese periodo coincide con un momento crucial de la evolución humana en África. Los grupos de Homo sapiens de la región comenzaban a desarrollar comportamientos complejos: utilizaban pigmentos, fabricaban herramientas sofisticadas y probablemente ya manejaban formas avanzadas de comunicación simbólica.
Sin embargo, había algo que todavía parecía ausente en el registro arqueológico: representaciones claras de animales.
La forma de la roca coincide de manera sorprendente con la silueta de una raya marina actual, algo difícil de explicar por simple azar.
La clave del estudio aparece cuando los investigadores comparan la roca con un animal muy concreto del litoral sudafricano: la raya azul (Dasyatis chrysonota). Según el nuevo trabajo, la correspondencia entre la silueta de la piedra y la anatomía de este pez es sorprendente.
Las esquinas laterales coinciden con la posición de las aletas. Los surcos centrales encajan con patrones presentes sobre el cuerpo del animal. Incluso existe una pequeña protuberancia posterior que recuerda al arranque de la cola. El parecido llevó al equipo a plantear una hipótesis tan audaz como controvertida: alguien habría trazado la silueta de una raya sobre la arena hace más de cien milenios.

Tal y como ha revelado el estudio, los investigadores creen que la figura pudo realizarse utilizando una raya real como plantilla natural. La explicación tendría sentido porque estos animales poseen un cuerpo plano y fácil de perfilar sobre una superficie arenosa. Según los autores, eso convertiría el trazado en una especie de paso intermedio entre los símbolos abstractos y el arte figurativo plenamente desarrollado.
La hipótesis va todavía más lejos. La ausencia de una cola completa en la figura llevó al equipo a plantear que pudo ser amputada de manera deliberada. Las rayas poseen un aguijón venenoso potencialmente letal, y los autores sugieren que esa “decapitación” simbólica podría estar relacionada con rituales o creencias antiguas vinculadas al miedo y al poder del animal.
El hallazgo sugiere que parte del arte más antiguo de la humanidad pudo hacerse sobre arena y desaparecer para siempre.
Los propios investigadores insisten en actuar con cautela. En ningún momento afirman haber demostrado de forma definitiva que la roca sea una escultura intencionada. De hecho, reconocen que la interpretación nunca podrá probarse completamente.

Pero el hallazgo ha abierto un debate fascinante. Si la hipótesis fuese correcta, esta pieza adelantaría en decenas de miles de años el origen conocido del arte animal. Hoy, las imágenes figurativas más antiguas aceptadas por la arqueología se encuentran en Indonesia: escenas con figuras humanas y cerdos pintadas hace más de 51.000 años.
La diferencia temporal es gigantesca. Entre aquella posible raya sudafricana y las célebres pinturas europeas de Chauvet o Altamira existirían cerca de 90.000 años de distancia.
El estudio plantea además una idea sugerente: quizá gran parte del arte más antiguo de la humanidad nunca sobrevivió porque se realizó sobre arena, madera, cuero u otros materiales extremadamente frágiles. Solo en lugares muy concretos, como esta costa sudafricana, las condiciones geológicas habrían permitido conservar un instante efímero de creatividad humana.
Y eso convierte a esta modesta roca erosionada en algo mucho más inquietante: la posible huella de una mente humana intentando representar el mundo muchísimo antes de lo que imaginábamos.
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