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Un barco hundido del siglo XVII con más de 400 monedas de...
Christian Pérez · 2026-06-26 · via Muy Interesante

Casi 400 años después del naufragio, una investigación histórica ha logrado reconstruir el último viaje de un mercante holandés cargado con miles de monedas de oro marroquíes.

Descubren el origen de un tesoro de más de 400 monedas de oro hallado en un barco hundido del siglo XVII
Descubren el origen de un tesoro de más de 400 monedas de oro hallado en un barco hundido del siglo XVII. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: Actualizado:

Durante más de treinta años, un pecio situado frente a la costa sur de Inglaterra ha desafiado a arqueólogos, historiadores y buceadores. En el fondo marino permanecían dispersas más de 400 monedas de oro marroquíes, cañones, anclas y diversos objetos de la vida cotidiana de una tripulación del siglo XVII. Se sabía que el hallazgo era extraordinario, pero nadie podía responder a la pregunta fundamental: ¿qué barco era y cómo había llegado hasta allí?

Ahora ese misterio parece haber quedado definitivamente resuelto. Tal y como ha revelado la Universidad de Bournemouth junto al British Museum con motivo de la publicación de un nuevo estudio monográfico sobre el yacimiento, el barco hundido corresponde al Dom van Keulen, un mercante neerlandés que zarpó de Marruecos rumbo a los Países Bajos en el otoño de 1633 y nunca logró completar su viaje.

La identificación supone mucho más que poner nombre a un barco perdido. Permite reconstruir una importante ruta comercial del siglo XVII, comprender mejor el comercio del oro africano y aportar nuevas pruebas sobre las intensas conexiones económicas que existían entre Marruecos, los Países Bajos y las islas británicas en plena Edad Moderna.

Un hallazgo descubierto en 1995 que escondía muchas preguntas

Todo comenzó hace ya tres décadas. En 1995, un equipo del South West Maritime Archaeology Group localizó los restos de un barco hundido frente a la costa de Salcombe, en el condado de Devon. Lo que en un principio parecía un pecio más pronto se convirtió en uno de los yacimientos subacuáticos más intrigantes del Reino Unido.

Entre los restos del barco aparecieron centenares de monedas de oro en un estado de conservación excepcional, además de cañones, anclas y diversos objetos utilizados por la tripulación durante la travesía. A pesar de la riqueza del hallazgo, ninguna de las piezas recuperadas ofrecía una pista definitiva sobre la identidad del mercante.

A partir de ese momento comenzó una larga investigación en la que participaron arqueólogos subacuáticos, especialistas del British Museum e investigadores de la Universidad de Bournemouth. Año tras año, los estudios permitieron reconstruir el contenido del cargamento, fechar con mayor precisión el naufragio y conocer el origen de las monedas, pero el nombre del barco seguía siendo un enigma.

El giro decisivo no llegó gracias a una nueva inmersión arqueológica, sino a la consulta de documentos conservados en los archivos históricos, donde apareció la clave que permitió reconstruir el último viaje del navío.

Un buceador inspecciona el pecio, donde todavía descansan cañones sobre el fondo marino
Un buceador inspecciona el pecio, donde todavía descansan cañones sobre el fondo marino. Foto: Maritime Archaeology Sea Trust (MAST)

Las más de 400 monedas de oro recuperadas del pecio fueron acuñadas en Marruecos durante el siglo XVII y formaban parte del cargamento de un mercante holandés que naufragó frente a la costa de Inglaterra en 1633.

Los documentos que permitieron identificar el barco

Según ha indicado la Universidad de Bournemouth, el historiador independiente Ian Friel consiguió localizar en los Archivos Nacionales británicos documentación relacionada con un barco holandés llamado Dom van Keulen.

Los registros describían un viaje comercial iniciado desde Marruecos con destino a los Países Bajos en 1633. Durante la travesía, la embarcación quedó atrapada por un fuerte temporal que provocó graves daños en el casco hasta abrir una vía de agua.

El barco terminó hundiéndose cerca de la localidad de Salcombe, exactamente en la zona donde décadas después aparecería el pecio investigado por los arqueólogos.

La coincidencia entre la documentación histórica, el lugar del naufragio, la cronología y la naturaleza del cargamento permitió confirmar que ambos relatos pertenecían al mismo barco.

Otro dato especialmente llamativo es que todos los miembros de la tripulación lograron sobrevivir al desastre. Todo indica que buena parte de la mercancía fue recuperada poco después del hundimiento, aunque una parte importante permaneció bajo el mar durante casi cuatro siglos.

Otros objetos recuperados del pecio, entre ellos un cuenco y una cuchara de peltre, un peso de sondeo de cerámica con forma de pez, un sello y una pepita de oro
Otros objetos recuperados del pecio, entre ellos un cuenco y una cuchara de peltre, un peso de sondeo de cerámica con forma de pez, un sello y una pepita de oro. Foto: British Museum

Un viaje que conectaba África y Europa

La identificación del Dom van Keulen también ha permitido reconstruir con bastante precisión la mercancía que transportaba en su último viaje. Lejos de tratarse de un cargamento cualquiera, cada uno de los productos refleja la intensa actividad comercial que unía el norte de África con los grandes puertos europeos durante el siglo XVII.

Tal y como ha explicado el equipo investigador, el mercante había partido de Marruecos con unos 150 sacos de goma arábiga, 64 sacos de salitre, 320 pieles de cabra y alrededor de 9.000 ducados de oro acuñados en la costa de Berbería, el territorio que hoy corresponde a Marruecos.

A primera vista puede parecer una carga heterogénea, pero todos esos productos tenían un enorme valor estratégico. La goma arábiga era muy demandada por artesanos y fabricantes; el salitre constituía uno de los ingredientes esenciales para elaborar pólvora; las pieles abastecían a talleres repartidos por toda Europa; y el oro era, sin duda, la mercancía más codiciada de todas.

En aquella época, las Provincias Unidas se habían convertido en una de las grandes potencias marítimas del mundo. Sus mercantes enlazaban puertos de Europa, África, Asia y América en una extensa red comercial, y Marruecos ocupaba un lugar destacado dentro de ese sistema gracias a la llegada de oro procedente del África occidental. Buena parte de ese metal precioso acabaría transformándose en moneda neerlandesa, una de las divisas comerciales con mayor circulación internacional durante la Edad Moderna.

Gran parte de ese metal precioso terminaba fundiéndose en los Países Bajos para acuñar monedas neerlandesas que acabarían convirtiéndose en una de las divisas comerciales más aceptadas del mundo.

Un buceador documenta los restos del pecio, situado a unos 18 metros de profundidad frente a la costa de Devon, donde aún permanecen cañones y parte de la carga original.

Más de 400 monedas de oro permanecieron cuatro siglos bajo el agua

Aunque tras el naufragio probablemente se recuperó buena parte del cargamento, cientos de monedas quedaron atrapadas entre los restos del barco.

Más de 400 ducados de oro permanecieron ocultos bajo el fondo marino hasta su descubrimiento en 1995.

Su extraordinario estado de conservación permitió estudiar tanto las emisiones monetarias marroquíes como las relaciones económicas entre el norte de África y Europa occidental durante la época de la dinastía saadí, que gobernó Marruecos entre los siglos XVI y XVII.

Precisamente, el nuevo estudio destaca que estas monedas aportan un contexto excepcional para comprender la riqueza de los soberanos saadíes, la circulación del oro africano y la importancia del comercio marítimo en el Atlántico europeo.

En otras palabras, las monedas no solo poseen un enorme valor económico o numismático. Constituyen también documentos históricos capaces de reconstruir las conexiones comerciales entre continentes hace casi cuatrocientos años.

Algunas de las monedas de oro recuperadas entre los restos del naufragio
Algunas de las monedas de oro recuperadas entre los restos del naufragio. Foto: British Museum

Un barco que recorría una de las grandes rutas comerciales de su tiempo

Con la identidad del Dom van Keulen ya confirmada, los investigadores también han podido reconstruir el viaje que realizaba cuando se fue a pique frente a la costa inglesa. Su cargamento constituye una auténtica fotografía del comercio internacional del siglo XVII y muestra hasta qué punto Europa y el norte de África estaban conectados por mar mucho antes de la Revolución Industrial.

Tal y como ha revelado el equipo responsable de la investigación, el mercante había zarpado de Marruecos con una valiosa carga formada por unos 150 sacos de goma arábiga, 64 sacos de salitre, 320 pieles de cabra y cerca de 9.000 ducados de oro procedentes de la costa de Berbería, en el actual Marruecos.

Cada una de esas mercancías tenía un destino muy concreto en los mercados europeos. La goma arábiga era muy apreciada por sus múltiples aplicaciones artesanales, el salitre resultaba imprescindible para la fabricación de pólvora y las pieles abastecían a numerosos talleres especializados. Sin embargo, el producto más valioso era el oro africano, que llegaba a los puertos neerlandeses para ser fundido y transformado en moneda.

En el siglo XVII, las Provincias Unidas dominaban buena parte del comercio marítimo mundial gracias a una extensa red de rutas que enlazaba Europa con África, Asia y América. Marruecos ocupaba una posición estratégica dentro de ese sistema al convertirse en uno de los principales puntos de entrada del oro procedente del África occidental. El Dom van Keulen era uno de los muchos mercantes que mantenían viva esa red comercial, hasta que una tormenta puso fin a su travesía frente a las costas de Devon.

Más monedas de oro y joyas recuperadas durante las excavaciones del pecio
Más monedas de oro y joyas recuperadas durante las excavaciones del pecio. Foto: British Museum

Aunque no se conserva ninguna representación histórica del barco, la investigación ha permitido reconstruir el contexto de su último viaje y el cargamento que transportaba.

Un misterio resuelto que abre nuevas investigaciones

La identificación del Dom van Keulen pone fin a uno de los enigmas arqueológicos más prolongados del litoral británico, pero también abre nuevas líneas de investigación.

El libro presentado por los investigadores no solo reconstruye el proceso de identificación del barco y la recuperación del pecio. También dedica buena parte de su contenido a analizar el contexto político y económico del Marruecos saadí, cuyos gobernantes mantenían intensas relaciones comerciales con las potencias europeas.

Mientras tanto, el yacimiento continúa protegido por la legislación británica sobre patrimonio subacuático. El acceso al lugar está estrictamente regulado y únicamente pueden bucear equipos autorizados, una medida destinada a preservar un enclave arqueológico cuya importancia ha aumentado considerablemente tras conocerse la verdadera identidad del barco.

Después de casi treinta años de incógnitas, un puñado de documentos olvidados en un archivo y más de cuatrocientas monedas de oro han permitido reconstruir la historia completa de un mercante desaparecido. Un ejemplo de cómo la arqueología subacuática y la investigación documental pueden complementarse para devolver el nombre y la historia a un barco perdido desde hace casi cuatro siglos.