
























La luciérnaga más antigua del mundo mide 6,6 milímetros, está atrapada en ámbar desde hace 99 millones de años y tiene el mismo órgano luminoso que las luciérnagas de hoy.
Publicado por Santiago Campillo Brocal
Biólogo. Máster en Biología Molecular y Biotecnología, Director de Muy Interesante Digital
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Un fósil en ámbar de 99 millones de años confirma que las luciérnagas ya emitían luz en el Cretácico. El espécimen, un macho hallado en el valle de Hukawng, en el estado de Kachin, Myanmar, conserva en el extremo del abdomen la estructura que permite a las luciérnagas modernas emitir destellos de cortejo. Sabíamos que estas luciérnagas eran antiguas. Lo que faltaba era la prueba directa, un fósil del grupo corona correctamente clasificado con análisis filogenético, que pusiera fecha a ese origen. Shuailong Yuan, Haoyu Liu, Sining Lv y Yuxia Yang, de la Universidad de Hebei (China), publican ese fósil en Proceedings of the Royal Society B.
La nueva especie se llama Cretoluciola birmana y es el primer registro definitivo de la subfamilia Luciolinae, el grupo corona de los lampíridos, en el período Cretácico. El hallazgo establece que el linaje de las luciérnagas modernas existía ya hace al menos 99 millones de años, cuando los bosques húmedos de Myanmar albergaban una fauna mesozoica que incluía, entre la vegetación de la noche, estas pequeñas antorchas bioluminiscentes.
Las luciérnagas son el grupo terrestre más diverso capaz de producir bioluminiscencia: cerca de 2.500 especies conocidas, distribuidas por todos los continentes excepto la Antártida. Su registro fósil es, sin embargo, extraordinariamente pobre. Dos géneros del Cretácico hallados en el mismo depósito de ámbar del Cretácico de Myanmar, Flammarionella y Protoluciola, habían sido clasificados previamente dentro de Luciolinae, pero sin análisis filogenético riguroso. El paper de Yuan y Liu cuestiona ambas clasificaciones: Flammarionella tiene siete ventrites abdominales, incompatibles con los seis de Luciolinae; Protoluciola tiene antenas monilifomes y un órgano luminiscente único, igualmente incompatibles con los rasgos del grupo corona.

Cretoluciola birmana es diferente. El equipo analizó 410 caracteres morfológicos del holotipo combinados con datos genómicos de ocho loci procedentes de 37 géneros extantes de lampíridos. *Los análisis de parsimonia máxima y de inferencia bayesiana ubican a Cretoluciola dentro de Luciolinae con soporte estadístico excepcional: Bootstrap del 99,7% y probabilidad posterior de 1,00.* La clasificación no deja margen de duda.
El registro fósil insinuaba que las luciérnagas brillaban desde el Mesozoico, pero sin un ancla directa en el tiempo. Cretoluciola birmana es ese ancla: 99 millones de años, un órgano completo, una clasificación inequívoca.
El hallazgo más relevante del espécimen no es solo su edad, sino lo que conserva en el abdomen. En los ventrites V6 y V7 del holotipo el órgano luminiscente bipartito que distingue a Luciolinae está perfectamente preservado: *el órgano bipartito de Cretoluciolaes morfológicamente idéntico al de los géneros actuales de Luciolinae*, un diseño que la evolución no ha necesitado modificar en casi cien millones de años.

La luciferasa, la enzima que cataliza la reacción química productora de luz, no se preserva en ámbar. No podemos confirmar que Cretoluciola emitía luz activamente. Lo que sí podemos afirmar es que poseía la estructura completa asociada a la señalización luminosa, la misma que usan hoy las luciérnagas para atraer pareja en la oscuridad.
"Las características morfológicas del órgano luminiscente son notablemente similares a las observadas en la mayoría de géneros actuales de Luciolinae, lo que sugiere que los rasgos fundamentales de la bioluminiscencia han permanecido altamente conservados durante millones de años", escriben los autores en Proceedings of the Royal Society B.
La imagen que emerge es la de un mecanismo tan eficaz que, mientras los dinosaurios del Cretácico se extinguían y los continentes derivaban hacia sus posiciones actuales, las luciérnagas no tuvieron que rediseñarlo. Como también ocurrió con las hormigas del Cretácico preservadas en ese mismo ámbar birmano, la resina del Cretácico no guarda solo animales, guarda sistemas que funcionaban.
El paper establece con precisión sus propios límites. Hay un único espécimen conocido, lo que impide cualquier análisis de variabilidad intraespecífica. El análisis filogenético incluyó solo cinco de los 34 géneros de Luciolinae, una muestra que los propios autores reconocen insuficiente para situar con exactitud a Cretoluciola dentro de la subfamilia. La relación hermana con el género existente Abscondita, apuntada por ambas metodologías, se sostiene en el árbol, pero carece de sinapomorfías adicionales que la confirmen, y requiere revisión con muestreo más amplio.
Si Flammarionella y Protoluciola no pertenecen a Luciolinae, como el paper argumenta, el Cretácico de Myanmar albergó al menos dos o tres linajes distintos de lampíridos en la misma noche. La luciérnaga más antigua del mundo confirmada lleva ese título con precisión: es el primer fósil definitivo del grupo corona. Lo que brillaba antes, y cuántos linajes distintos lo hacían, permanece sin respuesta.
Los tres fósiles de luciérnagas del Cretácico tienen ojos grandes y órganos luminiscentes prominentes. Los del Eoceno y el Mioceno ya muestran ojos menores y luz más débil. El nocturno fue primero; el diurno, una adaptación posterior.
El descubrimiento de Cretoluciola birmanaancla el grupo corona de las luciérnagas en 99 millones de años, pero la pregunta de cuándo surgió la bioluminiscencia de cortejo, y si lo hizo una o varias veces, sigue abierta. Los análisis moleculares en especies actuales sugieren que la luz de cortejo pudo evolucionar más de una vez, pero sin más fósiles intermedios que calibren el árbol filogenético, cualquier estimación tiene una barra de error enorme. La libélula de 75 millones de años del Cretácico canadiense, los insectos del ámbar de Ecuador, el propio ámbar birmano: cada depósito que se abre añade una pieza. Lo que el fósil de Myanmar ilumina es un instante preciso de esa historia. El resto todavía espera en el ámbar que no hemos encontrado.
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